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– “Por qué tienes una habitación con dos camas?”
– “No lo sé.”
– “Quién es la chica? Vives con ella?”
– “No.”
– “Si ese es el caso, no necesitas dos camas.” Sonrió Dean.
– “No, Dean… no es eso. Ella no es… nada.”
– “Está bien. Lo que tú digas…” Su hermano estaba un poco raro, era mejor dejarlo así por el momento.

Dean se metió a la cama. “Vienes o no?”

Sam miró nervioso a su hermano. Habían pasado 4 meses… pero igual se dirigió hacia la cama y se acostó junto a él. Para su sorpresa, Dean no hizo ningún movimiento que indicara que deseaba hacer algo más que dormir. Extendió un brazo para que Sam se recostara y lo apretó suavemente contra él. Sam se acurrucó junto a su hermano y Dean le habló con voz suave.

– “Dónde has estado, Sammy?”
– “Tú sabes… aquí y allá… cazando cosas… lo mismo de siempre.”
– “Debiste quedarte con Bobby.”
– “No podía, Dean.”
– “Por qué no?”
– “Bobby jamás me hubiera permitido que intentara traerte de vuelta. Tenía que alejarme de él si iba a tratar de rescatarte… no es que haya servido de mucho, pero…”
– “No debiste hacer eso… No debiste arriesgarte, Sammy. Sabías que yo no deseaba ser rescatado… no a ese precio…”
– “Pues ni siquiera he podido hacerlo, así que qué importa después de todo? Además tú no me preguntaste a mí para hacerlo, por qué debería yo pedir tu permiso?”

Tan pronto hubo dicho eso, Sam se preguntó por qué estaba peleando con Dean en su primera noche juntos después de… … Dean lo sacó de sus pensamientos cuando habló en un tono bajo y conciliador muy poco característico de él.

– “No estoy diciendo eso… sabes que si alguien puede entenderte soy yo, Sammy.”
– “Volviste para sermonearme, Dean?”
– “No, por supuesto que no.” Dean lo rodeó con ambos brazos y lo acomodó sobre su pecho. “Ven…”

Dean lo sentía raro. El propio Sam se sentía raro. Estaba molesto. Molesto consigo mismo y molesto con Dean. Molesto consigo mismo porque había intentado salvar a su hermano y no lo había conseguido. Tanto prometerle que lo salvaría y al final resulta que un ángel hizo el trabajo por él. Molesto consigo mismo por mentirle a Dean sobre el uso de sus poderes. Molesto por haber hecho de una demonio su compañera de caza en sustitución de su hermano… como si alguien pudiera reemplazar a Dean.

Pero increíblemente, también estaba molesto con su hermano. Molesto porque había sido capaz de salir del infierno sin su ayuda. Molesto porque le había tomado gusto a eso de utilizar sus poderes y una vez que Dean lo supiera, tendría que dejarlo porque Dean jamás lo aceptaría. Claro que estaba feliz de tenerlo de nuevo a su lado, pero a la vez se sentía extrañamente molesto.

Pasaron varias noches. Noches en que Dean lo esperaba en la cama para que se acostara a su lado y Sam se metía a la cama junto a él. Pasaba las noches junto a aquel Dean bastante diferente al que había perdido hacía algunos meses. Un Dean que discutía menos y conversaba con él por las noches.

Cuando sus cuerpos se juntaban, Sam podía sentir como el cuerpo de su hermano se endurecía, como se tensaba, pero Dean continuaba sin hacer ningún intento por acercarse más. Sam empezaba a preguntarse si Dean no pensaba volver a tocarlo. Quizás en el fondo estaba molesto porque deseaba que Dean lo tomara en sus brazos y le hiciera el amor sin parar hasta recuperar el tiempo que habían perdido… sintió un ardor en los ojos por el esfuerzo de contener las lágrimas al pensar que tal vez no podrían recuperar lo que habían tenido.

Había pasado una semana, y no había logrado reunir el valor para hablar con Dean de eso… Esa noche su hermano estaba acurrucado, hecho un ovillo en un rincón de la cama. Dean se sentía terriblemente frío y solo lejos de Sam. No era la bienvenida que esperaba. Sentía que su hermano estaba incómodo, molesto y él no entendía por qué. Tenían que hablar, eso estaba claro, lo que no estaba claro era sobre qué. Dean se sentía bastante perdido. Estaba seguro que algo había pasado en su ausencia… algo que flotaba entre ellos y los separaba por las noches. Pero simplemente no sabía por dónde empezar.

Cuando Sam lo vio acurrucado en el extremo de la cama, la nostalgia pudo más que cualquier duda. No entendía su propia reacción al hecho de que Dean hubiera vuelto a la vida. Lo tenía allí, vivo, a su lado y todo lo que quería era sentirlo, abrazarlo, asegurarse de que nunca más se alejara de él. Siguiendo un impulso, lo rodeó con sus brazos. Dean no opuso resistencia. Se relajó instintivamente, se dejó atraer hacia el pecho de su hermano y se dejó abrazar.
– “Dean…”
Dean colocó sus brazos sobre los de Sam respondiendo al abrazo.
– “Dean, perdóname. Quería salvarte, de verdad creí que podría hacerlo, pero…” su voz se quebró.
– Dean se volvió, buscando sus ojos con su mirada verde casi transparente. “Yo no quería que lo hicieras, Sammy. Solo quería que tú estuvieras a salvo.”
– “Y yo solo quería que tú estuvieras conmigo.”
Dean tomó su rostro entre sus manos. “Estoy contigo, Sammy. Aquí estoy.”
– “Entonces, por qué…? Por qué…?”
– “Por qué qué?”
– “Dean… por qué no quieres…”
– “Qué?” La mirada de Dean se tornó tierna. De un solo movimiento se situó sobre Sam. “Dilo… crees que no quiero que hagamos el amor?”
Sam asintió. Dean enterró el rostro en su cuello. Sus manos recorrieron el cuerpo de su hermano, apretándolo con sus dedos, estrujándolo hasta que dolía. Sam reaccionó de inmediato. Quería a Dean. Lo quería todo. Dean mordía sus labios y su barbilla con fuerza contenida para no lastimarlo mientras con la barba torturaba su garganta.
– “Sammy…” lo lamió con dulzura, lo besó con ansias, sus dientes mordisquearon suavemente su piel excitándolo tanto que Sam arqueó su cuerpo rozándose contra él y gimiendo por más. “Claro que quiero, pero… tú parecías… incómodo… molesto. No has sido tú desde que volví, Sammy… decidí… esperar un poco…”
Así que Dean había notado su incomodidad?
– “Dean… lo siento…”
– “No. No digas eso… no digas nada…”
– “No vuelvas a dejarme, Dean.”
– “Tú tampoco.” Dean se abrazaba a él casi con desesperación. “Dios, Sammy… te necesito…”

Sam comprendió por fin que su hermano lo necesitaba tanto como él a Dean. Era increíble que aún después de que ambos habían vuelto de la muerte, todavía les fuera tan difícil decirse lo que sentían. Se deshizo como pudo de la ropa de ambos. Cerró sus largas piernas sobre la cintura de Dean y Dean se sumergió en su cuerpo. Sam no pudo contener un ligero gemido de dolor.

– “Lo siento.” Dean se detuvo. “Te duele? Quieres que pare?”
– “No, Dean… estoy bien, solo… un poco fuera de práctica” sonríe Sam.
Dean también sonríe ante la implicación de que su hermano no había tenido sexo con nadie en su ausencia –al menos no esa clase de sexo-.
– “Iré más despacio…” Dean se retiró un poco y luego se empujó lentamente dentro de él.
Sam respiró hondo y trató de relajarse, dejando que su hermano se deslizara suavemente dentro suyo. El placer de tener a Dean dentro volvió, tal como lo recordaba.

– “Ohhh… Dean… te extrañé tanto…”

– “Me moría por esto, Sammy…”
– “También yo… sigue Dean, por Dios…”

Dean golpeaba ahora más fuerte dentro de él… más rápido… Sam deseaba sentirlo hasta el último rincón de su cuerpo. Se incorporó quedando sentado frente a su hermano, rodeándolo con las piernas y atrayéndolo hacia él de forma que apenas quedara espacio entre ambos.

Dean lo tomó por las caderas haciendo que sus movimientos se acoplaran. Se aferró a su cintura, se apoyó en su pecho, sintió el miembro duro y enorme de su hermano apretado contra su vientre. No iba a aguantar… no iba a aguantar… había esperado tanto…

– “Dios… Sammy…” fue todo lo que logró decir antes de estallar dentro de él con una fuerza que Sam sintió hasta lo más profundo de su cuerpo. Una sensación de intimidad lo invadió al sentir tan dentro el calor húmedo de su hermano.
Se abrazó a Dean al sentir como su propio orgasmo se derramaba sobre la piel de ambos. Dean lo apretó con fuerza contra su pecho. A cada espasmo de placer, el cuerpo de Dean se sacudía en un sollozo y sus lágrimas corrían sin que pudiera detenerlas.

– “Dean…”
Dean guardaba silencio con el rostro escondido en el musculoso pecho, incapaz de moverse, incapaz de hablar. Sam respiró entre su cabello.
– “Hey… Dean… no hagas esto…” dijo Sam con voz dulce “se supone que estás feliz, no? Se supone que lo estás disfrutando…”
– “Lo estoy…” respondió Dean con voz ahogada.
– Sam le acarició la espalda un momento. Luego se puso de pie arrastrando a Dean con él. “Ven aquí…”
– “Qué haces?”
– “Ven conmigo.” Sam lo tomó por las caderas, lo hizo colocar las piernas alrededor de su cintura y lo tomó en sus brazos. Dean se dejó llevar. Sam lo depositó suavemente bajo la ducha y abrió la llave dejando caer la tibia caricia del agua sobre los dos.

El agua bajó por sus cuerpos. Sam deslizó sus manos en silencio por los hombros, los brazos y la espalda de su hermano. Dean cerró los ojos y se apoyó en él, esperando que el agua que se llevó los residuos de semen, sudor y lágrimas, se llevara también el dolor, el miedo y la soledad de aquellos meses que habían estado separados.

Cuando se fueron a dormir, Dean se había recuperado del shock emocional que había sufrido al sentir a Sam temblar de placer entre sus brazos. Era una sensación maravillosa que no llegó a olvidar ni en las profundidades del averno y fue lo primero que extrañó al salir de aquella caja de pino: A Sam… su contacto… su piel… su calor… volver a sentirlo había sido una emoción demasiado fuerte, pero nunca se imaginó que iba a reaccionar de esa manera.

Sam se acostó frente a él, le besó la frente y los párpados y le acarició suavemente el cabello hasta que se quedó dormido. Cerró los ojos e intentó dormir, pero algo inquietaba su sueño. Algo que aún le ocultaba a Dean y tenía que decírselo. Aunque sería más difícil ahora… acababa de recuperarlo y no deseaba echarlo a perder, pero tenía que hacerlo. Dean lo averiguaría de una manera o de otra.

“Te amo, Dean…” susurró al oído de su hermano dormido “… tengo algo que decirte…” su mirada se paseó por las largas pestañas, por los dulces labios y la nariz cubierta de pecas. Soportaría cualquier cosa, pero no deseaba ver el reproche en los ojos de su hermano, no deseaba ver miedo ni decepción. Deseaba que Dean lo viera siempre como lo había hecho esa noche… no deseaba ver otra cosa que amor en aquellos ojos verdes “… solo espero que puedas entenderlo…” murmuró antes de, por fin, quedarse dormido.

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