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Las llaves del ImpalaNo es que no confíe en Sam. De hecho, sabe que Sam es un excelente piloto, y definitivamente mucho más precavido y cuidadoso que él mismo… es que simplemente ceder el control de su nena es como entregar algo de sí mismo, y tampoco es algo que haga a menudo… ni siquiera con Sam.

Por eso, cuando Dean le lanza a su hermano las llaves del Impala, cualquiera podría pensar que se trata de un gesto trivial, pero para ellos, tiene un significado especial.

Cuatro años atrás, cuando recién habían vuelto a cazar juntos después de que Sam abandonó Stanford tras la muerte de Jess, Dean había insistido en que Sam condujera por un rato. Quería distraerlo y evitar que continuara teniendo pesadillas, pero no era esa su única intención. También era su muy personal manera de decirle que era bienvenido a permanecer a su lado. Que deseaba que volviera a ser parte de su vida. Pero Sam no quería. Aceptar conducir el Impala era aceptar que volvía a su vida de cazador. Que volvía a ser parte de aquel equipo del que había querido huir, y se negaba. No quería admitir que había vuelto por su propia voluntad a la vida que detestaba y que había jurado abandonar. Pero aquella noche en que Dean le había lanzado las llaves en Black Creek, Colorado, algo había pasado.

Era tarde y estaban lejos de todo así que compraron algo de comer en un Gas-Mart y algunas cervezas y se prepararon para dormir en el Impala. Ninguno durmió. No mucho. Después de un par de cervezas, Sam se había puesto conversador. Dean estaba sorprendido, llevaba demasiados días intentando hacerle hablar sin conseguirlo y ahora de pronto Sam quería conversar. En el acogedor interior del Impala empezó a hacer calor y ambos se quitaron las chaquetas y las franelas. Sam se acomodó tan largo como era en el asiento. Dean hizo lo mismo. El interior del Impala era espacioso, pero aún así, no había forma de acomodarse sin que ambos quedaran demasiado cerca, sin que sus cuerpos se rozaran, sin que la atmósfera se hiciera de pronto demasiado íntima. Sin que de pronto, sus cuerpos estuvieran demasiado cerca y los separara demasiada ropa. De pronto necesitaban sentirse de formas que jamás habían imaginado, tocarse de formas que nunca antes lo habían hecho.

Dean sintió cómo el duro y grande cuerpo de Sam presionaba contra el suyo y ni siquiera fue capaz de preguntarse por qué sentía lo que sentía, por otro hombre, que además era su hermano. Solo sabía que no quería que parara. Lo que fuera que estuviera pasando, deseaba que continuara. Sam lo acarició de formas que no conocía, tocó rincones de su cuerpo que nadie había tocado y le mordisqueó el cuello de una forma que lo excitó más allá de cualquier límite.

  • “Oh, Sammy…”
  • “Quieres que siga?”
  • “Sí…”
  • “Dean, si sigo voy a… vamos a…”
  • “Yo sé.”
  • “Estás seguro?”
  • “Hazlo…”

Una de las grandes manos de Sam lo masturbaba sin piedad, la otra le masajeaba las nalgas mientras dos dedos le presionaban por dentro, provocándole un placer ligeramente doloroso pero embriagante. Su hermano se frotaba contra él, masturbándose contra sus caderas y haciéndolo preguntarse qué se sentiría tener esa cosa dentro. Pronto lo averiguaría. Cuando Dean empezó a gemir desesperadamente, rogando por un orgasmo, Sam lo tomó por las caderas y lo acomodó bajo su cuerpo.

La primer embestida dejó a Dean viendo estrellas del dolor… la segunda le causó una ligera incomodidad… la tercera empezó a gustarle… la cuarta le provocó un placer punzante… con la quinta, su cuerpo se abrió por completo… la siguiente le golpeó con fuerza las nalgas… la siguiente le golpeó más fuerte… la siguiente más rápido… más… más… más… Sam le dio una nalgada… luego otra… estaba tan duro que dolía… buscó la mano de su hermano y Sam comprendió… su enorme mano envolvió con su calor su miembro ansioso de atención, apretándolo al mismo ritmo que lo penetraba.

  • “Ohhh… Sammy…”
  • “Querías esto?”
  • “Sí…”

Sam lo apretó más fuerte… más rápido… Dean no podía pensar, no podía hacer nada más que sentir… de pronto…

  • “Ahhhh…”
  • “Dean…”
  • “Sammy…”
  • “Eso es, Dean…”
  • “Ohhh… Dios… Sammy…”
  • “Así… así… Dean… ohhhh… ohhhh…”

Noche oscura en el exterior… vidrios empañados y ropa tirada en el interior, cabellos revueltos, risas, jadeos… la calma después de la tormenta de besos, caricias y orgasmos. Una sensación de intimidad que ninguno de los dos había conocido antes, con nadie. Dean se acomodó sobre el asiento y tiró de su hermano. En algún recóndito lugar de su cerebro cortocircuitado había preguntas que pedían respuesta, pero eso sería mañana. En aquel momento, no. Dean lo acomodó sobre su pecho y cerrando los ojos, suspiró.

  • “Dean, qué haces?”
  • “Tengo sueño.”
  • “Vamos a dormir así?” Preguntó sorprendido Sam.
  • “Por qué no? Tú serás mi cobija hoy” respondió Dean acariciándole la espalda.
  • “Hace frío, Dean, nos vamos a congelar.”
  • “Ya verás cómo no” respondió Dean.

Tomó las chaquetas y los arropó a ambos, sus brazos rodearon los hombros de su hermanito y lo apretó contra su pecho.

  • “Qué dices, eh?” Preguntó Dean mirándolo con ternura.

Sam se recostó sobre el pecho de su hermano y le regaló la sonrisa que Dean tenía tanto tiempo de no ver.

La mañana llegó, pero las preguntas no. La verdad era que todas habían sido respondidas aquella noche. Miradas cómplices, sonrisitas culpables, pero ningún arrepentimiento. Como casi siempre ocurría entre ellos, las palabras estaban de más. Las caricias y los besos habían hablado por sí mismos.

Desde aquella extraña noche, las llaves del Impala son algo más que el mecanismo para hacer funcionar el motor del auto, o el símbolo de quien lleva la voz cantante en las cacerías. Son la forma que encontró el amor para comunicarse, la forma en que Sam y Dean sellan su promesa de estar allí el uno para el otro sin importar lo que pase, la forma de decirse que esa noche desean compartir algo más de sí mismos… algo más que el auto, una cerveza o una habitación… desde aquella extraña noche, cuando Dean le lanza a su hermano las llaves del Impala, no solo quiere decir “conduce tú”, quiere decir “te necesito”. Quiere decir que esa noche habrá una sola cama en la habitación, quiere decir que desea abrazarlo y decirle con todo su cuerpo cuánto le ama. Y cuando Sam las atrapa en el aire en realidad quiere decir “yo también te amo”… “allí estaré”.

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