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Setting: En algún momento después de 10.07, aunque posiblemente no coincida con la época del año.

Género: Wincest implicito

Disclaimer: Los personajes se pertenecen a sí mismos y a nadie más… yo solo soy dueña de lo que ocurre en mi imaginación…

Tks 2Tksg dinner

En el comedor del bunker,  Sam investiga sin descanso. Para el no hay día ni noche, fines de semana ni días festivos. Después del caso del shapeshifter de la Mansión LaCroix, su preocupación por Dean ha crecido exponencialmente.  Hasta ese día en que Dean le vacía la cámara de balas de plata a la shapeshifter ya muerta, Sam había tratado de restarle importancia al hecho de que su  hermano todavía llevaba la Marca de Caín en el brazo, y que su poder sobre él, aunque había disminuido de intensidad por la ausencia de la Primer Espada, era aun real.

Necesita encontrar la respuesta, y pronto, porque la última vez, la influencia de la Marca había ido en escalada. Cada vez más fuerte, cada vez posesionándose más del alma de su hermano y esta vez él no iba a permitirlo. Demasiado traumática había sido ya la experiencia de verle convertido en demonio y no estaba dispuesto a que esa historia se repitiera. Iba a encontrar la manera de deshacerse de la Marca de una vez y para siempre, o dejaba de llamarse Sam Winchester.

Pero no lejos de ahí, en la cocina del bunker, la historia es completamente diferente. Ajeno a las angustias de su hermano, o tratando él mismo de restarle importancia al asunto de la Marca, Dean se concentra en actividades que nada tienen que ver con la cacería. Era Thanksgiving. Y ahora tenían un hogar. Un hogar algo extraño, claro, lleno de dispositivos análogos para la detección de actividad paranormal, con una biblioteca que no contenía novelas de aventuras ni enciclopedias, sino libros de hechizos, magia oscura e historia de lo oculto. Pasadizos y sótanos formaban parte de su arquitectura y las trampas para demonios eran parte integral de la decoración. Aparte de eso, un hogar como cualquier otro, con una enorme cocina equipada con todos los utensilios, por lo tanto ahora sí iban a tener un Día de Acción de Gracias como Dios manda. Sí señor. Sam nunca más necesitaría celebrar Thanksgiving en la casa de otra familia porque él se iba a encargar de que en la suya hubiera una celebración como es debido: El pavo está en el horno, sobre la mesa quedan restos del relleno que Dean pellizca de vez en cuando y se felicita a sí mismo por lo bueno que le quedó. Una alarma suena en su celular cada diez minutos y Dean le echa una mirada al pavo. Le ha costado mucho trabajo llegar hasta allí así que no se confía de los tiempos de cocción que dicen los libros de cocina. Quiere estar seguro que su cena no se quemará mientras él termina de darle los últimos toques a la salsa de arándano con la que piensa aderezarlo. Junto a la estufa, esperan su turno pacientemente dos moldes redondos de pie de manzana. Sí, Dean sabe que el pie de calabaza es lo de la época, pero su favorito es el de manzana. Y qué? El puede darle su toque personal a la recién adquirida tradición Winchester, o no?

Dean prueba la salsa de arándano. Está buena, pero siente que le falta algo. Así que toma el recipiente, una cuchara de madera, y sube las pocas gradas que separan la cocina del comedor. Sam le oye venir, se estira frente a la mesa y se pasa la mano por el cabello, está cansado y no ha logrado avanzar mucho. Dean aparece frente a él envuelto en una gabacha de cocina y muy sonriente.

  • “Hey!”

Sammy, quiero que pruebes esto… Dean toma un poco de salsa del recipiente y dirige la cuchara de madera hacia los labios de su hermano. Sam abre la boca y recibe un poco, saboreándolo.

  • “Que tal, eh?” Pregunta Dean emocionado.

Sam levanta las cejas y asiente con la cabeza. Está buena.

  • “Buena, eh?” Vuelve a preguntar Dean. Pero siento que le falta algo.

Sam le hace señas que le de otro poco, y Dean lleva de nuevo la cuchara hasta sus labios, colocando su mano debajo para no derramar nada. Sam vuelve a probar y Dean le mira expectante.

  • “Le pusiste jengibre?”

Los ojos verdes de Dean brillan. Chasquea los labios y truena los dedos. El Jengibre! Eso es lo que le hace falta. El sabía que su hermano el universitario daría con la respuesta. Dean empieza a darse la vuelta para regresar a la cocina, pero algo atrae su atención y se detiene un momento. Regresa frente a Sam y con la punta de su dedo le limpia la comisura de los labios donde ha quedado un poco de salsa. Dean coloca su dedo frente a los labios de su hermano. Sam se acerca, sus labios envuelven la punta del dedo de Dean, succiona suavemente y con su lengua recoge la gotita de salsa. Dean sonríe y vuelve a la cocina. Sam también sonríe mientras le mira desaparecer por las gradas.

Vuelve al trabajo, pero ha perdido un poco la concentración. En ese momento suena la campanilla de la puerta, pero Dean, concentrado como está en la preparación de la salsa y en vigilar el pavo, no se da por enterado. Sam toma la escopeta corta que es lo que tiene más cerca y se dirige sigilosamente hacia la puerta. Observa con cuidado por la mirilla, al principio no ve a nadie pero entonces la persona que ha tocado la campanilla se mueve y observa frente a él el rostro algo desencajado de Castiel. Sam baja el arma y abre la puerta.

  • “Cas?”
  • “Hola Sam.”

Sam se asoma por la puerta. Mira el viejo automóvil que Cas conduce y nada más.

  • “Vienes solo?” Le pregunta.
  • “Si, vengo solo. Hannah… Hannah…”
  • “Oh no!” Exclama Sam. “Esta muerta?”

Cas lo saca pronto de su error. “No, Hannah está bien, es solo que…”

  • “Qué?”
  • “Ella… decidió dejar ir a su contenedor.”

Ahora Sam parece más sorprendido.

  • “Ella… había empezado a experimentar emociones humanas. La noche anterior… ella… tomo una ducha y… tú sabes…”
  • “Ustedes…?”
  • “Si” respondió Cas a la pregunta no formulada de si habían tenido sexo. “Fue un poco extraño pero creí que eso nos había unido más, sabes?”

Sam asintió. Conocía el sentimiento. Sí.

  • “Y qué pasó?”
  • “Esa mañana, su esposo la encontró.”
  • “Su esposo!?”
  • “El esposo de Caroline, su contenedora. Hannah… ella trató de convencerlo de dejarla ir, le dijo que estaba conmigo… después me confesó que había sentido a Caroline rebelarse dentro de ella al verlo. Había sentido su dolor, su nostalgia, su deseo y necesidad por él… y no pudo soportarlo. La dejó ir a reencontrarse con él. A recuperar su vida.”
  • “Lo siento.”
  • “Gracias.”
  • “Pero, ella podría volver… tomar un nuevo contenedor.”
  • “Supongo que sí. O tal vez volvió al Cielo, no lo sé. Por ahora, estoy solo.”
  • “Pasa” lo invitó Sam.
  • “Dónde está Dean?” preguntó Cas al entrar y no ver al otro Winchester por ningún lado.

Sam sonrió. “En la cocina.”

  • “Por qué?” Como siempre, una pregunta rara de parte del ángel.

Sam volvió a sonreír, comprendiendo que para Cas la respuesta no era obvia.

  • “Está preparando la cena.”
  • “Oh sí, claro. La cena. Logré llegar a disfrutar de una buena cena cuando fui humano.”

En ese momento, Dean aparece de nuevo por las gradas, con el recipiente de salsa de arándano y la cuchara de madera en la mano.

  • “Cas! Justo a tiempo!” Exclama Dean que no le había oído llegar.
  • “Justo a tiempo para qué?” Preguntó el ángel.

Dean le hizo una señal con el dedo de que esperara un momento. Se acercó a Sam y le dio a probar de nuevo la salsa, mirándolo sonriente y esperando su aprobación.

  • “Qué tal ahora, eh?”

Sam enarcó las cejas nuevamente y esta vez una sonrisa llena de hoyuelos se desplegó por su rostro. La sonrisa de Dean se hizo más amplia y se extendió a sus ojos.

  • “Mejor?”

Sam asintió. “Lo lograste, Dean” le dijo. “Es perfecta.”

Feliz de complacer a su hermano, Dean se volvió hacia Cas. “Justo a tiempo para probar mi cena de Acción de Gracias.”

  • “Acción de Gracias? Gracias por qué?”

Dean se balanceó sobre sus pies, sorprendido por la pregunta y no muy seguro de qué responder, así que Sam se hizo cargo de la explicación.

  • “El origen histórico de la celebración no está muy claro. Es una costumbre que se remonta a los primeros colonos y probablemente tiene su origen en los festivales de fin de cosecha que se celebraban en Europa y que de alguna manera se fusionaron con los rituales de los nativos americanos, de hecho, la historia registra que en la primera celebración, que tuvo lugar en 1621, participaron no solo los colonos, sino también…”
  • “Escucha, Cas” interrumpió Dean la académica explicación de su hermano “es un día que se celebra comiendo pavo, Ok? Pavo y pie de manzana y agradeces… por lo que sea que quieras agradecer.”

Sam le dirigió a Dean una mirada de desaprobación y frunció los labios.

  • “Qué?” Protestó Dean. “Tú mismo le dijiste que el origen de la celebración no está claro! Pero su fin está muy claro para mí: comer pavo, así que si no les importa, voy a la cocina a revisarlo, porque si se quema, tú, niño listo, dijo dirigiéndose a Sam, tendrás que ir a comprar otro y cocinarlo.”

Sam rodó los ojos pero no dijo nada. No era probable que el pavo se quemara en tan poco tiempo.

Dean no tardo mucho en volver.  Subió lentamente las gradas sin despegar los ojos de su preciosa carga. En el molde de aluminio, un pavo de buen tamaño, doradito y apetitoso, despedía un delicioso aroma al relleno de tocino y verduras que Dean había preparado. Levantó la mirada al llegar al comedor y los miró sonriente.

  • “Qué dicen, eh?”

Sam sonrió también. “Vaya, Dean! Estas hecho todo un chef!” Exclamó, mirándolo con admiración.

  • “Quieres ir por la salsa?” Le pregunto Dean.
  • “Claro!” Sam se apresuró por las gradas y volvió con la salsa de arándano que Dean se había esmerado en preparar.
  • “No hiciste puré de papas?”
  • “Nop.”
  • “Y arvejas?”
  • “Tampoco.”
  • “Y entonces? Qué vamos a comer?” Preguntó Sam.

Esta vez fue Dean quien rodó los ojos. “Pavo… Sam! Pavo!”

  • “Pero debemos acompañarlo con algo.”
  • “Si. Con la salsa de arándano y el pie de manzana, ah… y… con esto” dijo Dean tomando una botella de vino que aparentemente había escondido en el comedor desde antes.
  • “Vino!? Tú vas a tomar vino!?”
  • “Por qué no? El chef de la TV dice que es el maridaje perfecto para el pavo de acción de gracias.”
  • “Maridaje!?”
  • “Sí. Es la forma como la bebida complementa…” Dean se interrumpió cuando vio el rostro divertido de Sam. “Cállate y lávate las manos” gruñó. “Los dos” dijo haciéndole una señal a Cas.

Con la sonrisa ampliándose en su rostro, Sam se dirigió al baño seguido de Cas. Su hermano hablando de maridaje de vinos? Definitivamente debería haberle hecho la prueba de la plata, pensó divertido.

La cena transcurrió de lo más normal. Verdaderamente normal, no Winchester normal. El pavo de Dean estaba realmente rico, pero la estrella de la noche fue la famosa salsa de arándano. Cas, que al principio había rechazado comer diciendo que los ángeles no lo necesitan, aceptó finalmente probar el pavo solo para no decepcionar a Dean, que estaba ansioso de lucir sus dotes culinarias. De hecho, hasta se repitió y aceptó que le llenaran una y otra vez la copa de vino. Si alguien les hubiera dicho a Sam y a Dean que aquella noche verían a un ángel haciendo karaoke, seguro lo hubieran exorcizado. Cuando Dean puso a sonar su famosa colección de música en cassette, Sam quiso protestar que ya era suficiente con escucharlas una y otra vez en el Impala para seguir oyendo lo mismo en casa y que seguro Cas prefería algo más clásico… cuando Cas empezó a tararear algunas canciones. Los dos se miraron sorprendidos pero más todavía cuando el tarareo se convirtió en un coro a todo pulmón de Stairway to Heaven. Pero cuando Cas empezó a cantar The Girl of Lucifer, Dean decidió que era tiempo de ponerle fin a la fiesta.

  • “Eso es… ya fue suficiente por hoy. Ven acá, Michael Landon, es hora de dormir.”
  • “Michael Landon? No soy un actor, escritor, productor y director que protagonizó tres exitosas series…”
  • “OKEY! Castiel, Angel del Señor, mueve tu sagrado trasero y vamos a dormir.”
  • “Vamos…? Pero…”
  • “Sí. Vamos. Tú, vas a dormir en mi habitación. Yo, me quedaré con Sam esta noche.”
  • “Estás seguro? No quiero ser inoportuno…”
  • “No lo eres. Cas,” Dean lo miró de frente “eres como de la familia, sí? Puedes venir aquí y quedarte cuando quieras. Vamos, ponte cómodo, no toques las armas y sobre todo…” Dean señaló algo junto a la lámpara de noche “no pierdas mis fotos, entendido?”
  • “Sí, entendido.”
  • “Bien. Buenas noches, ángel guardián.”
  • “No soy tu… está bien, llámame como quieras. Se me olvida que ponerme apodos es uno de tus pasatiempos” refunfuñó Castiel dejándose caer sobre la cómoda cama de Dean y quedándose dormido casi al instante.

Dean volvió al comedor donde un Sam pensativo terminaba de beberse una copa de vino.

  • “Listo!”
  • “Se durmió?”
  • “Casi al instante.”

Sam soltó una risita. “No debiste haber insistido en que aprendiera cultura popular. Ahora se sabe todas las canciones!”

Dean se echó a reír también. “Sí. Cas no es hombre de medias tintas. O todo o nada.”

Sam se terminó de un trago el vino de su copa y miró a Dean que se había puesto serio.

  • “Tú también necesitas descansar.”
  • “Dean…”
  • “No, nada de Dean. Crees que porque estaba cocinando no me di cuenta que pasaste todo el día metido de cabeza entre la computadora y los papeles? Ya fue suficiente por hoy. Nos vamos a la cama.”
  • “De acuerdo, pero, Dean…”
  • “Lo sé… lo sé… ok? Sé de que se trata todo esto. Pero no quiero hablar ahora. Acabamos de celebrar el primer Día de Acción de Gracias normal de nuestras vidas, Sam. Por favor, deja que el día termine así. Mañana hablaremos de eso. Lo prometo.”

Sam dejó escapar un suspiro. El primer Día de Acción de Gracias normal… era cierto. Y había sido gracias a Dean.

  • “Dean…”
  • “Qué?”
  • “Yo… ehhh… yo solo… quiero decirte que… gracias… ”
  • “Por qué?”
  • “Por hoy. Por esto. El pavo, la cena, todo… tuvimos un Día de Acción de Gracias, gracias a ti.”
  • Dean sonrió. “De nada.”
  • “Quieres una cerveza?” Preguntó Sam dirigiéndose al refrigerador.
  • “Sí, por favor” exclamó Dean, a quien el vino no le había disgustado, pero nada le hacía olvidar su cerveza favorita.

Dean recibió la cerveza y apagó las luces. Ya en la habitación, Sam se sentó pensativo sobre la cama.

  • “Qué pasa, eh?”
  • “Nada. Es solo que…”
  • “Qué?”
  • “No puedo evitar esta sensación…”
  • “Un mal presentimiento?”
  • “No. No exactamente, pero… no puedo evitar la sensación de que no debería perder el tiempo durmiendo cuando…”
  • “Sam!” Lo interrumpió Dean. “Estuviste trabajando desde el amanecer. Por hoy ya cumpliste tu horario de trabajo.”
  • “Sabes bien que no tenemos horario, Dean. El trabajo termina cuando el caso se cierra.”
  • “Bueno, pues no vamos a cerrar este caso hoy y tú lo sabes.”

Sam hizo un mohín de inconformidad.

  • “Ven…” Dean extendió un brazo hacia él, invitándolo a acercarse “te prometo que valdrá la pena.”
  • “Qué cosa?”
  • “Perder el tiempo… durmiendo.” Dean le guiñó un ojo. Sam le devolvió una mirada cómplice. Y como casi siempre entre ellos, todo quedó dicho.

……

Varios minutos más tarde, Sam abraza a su hermano. Dean cierra los ojos y disfruta el momento.

  • “Dean…”
  • “Mmmm…?”
  • “Te quiero.”
  • “Lo sé” responde Dean, que ha hecho suya la forma de decir “yo también te quiero” de Han Solo.

Sam sonríe. No necesita oírlo. También lo sabe… y eso es más que suficiente.

 

Fin

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